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¿Está su huella hídrica dejando una impresión en la escasez de agua?

Catarina de Albuquerque, CEO, Sanitation and Water for All
04 May 2020

¿Ha pensado alguna vez en el uso que hace del agua una vez que cierra el grifo? Comencemos con su dosis diaria de cafeína... ¿Sabía que una taza de café utiliza 130 litros de agua? Ahora piense en el ingrediente principal de los pasteles: los huevos, que pesan 60 gramos de media, utilizan unos 200 litros de agua. Saber la cantidad de agua que hay en un plato de comida ayuda a calcular la verdadera huella hídrica. Por ejemplo, la carne que comemos o el algodón que llevamos puesto se produce en cuencas fluviales lejanas, a veces incluso en países con escasez de agua. Sin saberlo, en muchos casos estamos afectando indirectamente los recursos hídricos de todo el mundo. 

La escasez de agua está estrechamente relacionada con el aumento de la producción de alimentos (léase: agricultura intensiva) debido a la gran demanda y a los cambios en las preferencias alimentarias. El sector agrícola (incluidos el regadío, la ganadería y la acuicultura) es, con mucho, el mayor consumidor de agua, ya que utiliza el 69% de las extracciones anuales de agua en todo el mundo; la industria (incluida la dedicada a generar energía) representa el 19% y los hogares el 12%. Aunque casi el 70% del mundo está cubierto de agua, sólo podemos beber el 2,5% de su agua dulce, ya que el resto es salina y de origen oceánico. La creciente competencia por el agua también está empeorando debido al cambio climático. Si bien todas las regiones del mundo están afectadas, las repercusiones del cambio climático son muy variables y desiguales: algunas regiones sufren períodos extraordinarios de sequía, mientras que otras sufren inundaciones cada vez más graves y frecuentes, y las zonas costeras de baja altitud se enfrentan a fenómenos de evolución lenta que están relacionadas con un mayor aumento del nivel del mar. Sin embargo, el vínculo común de todos estos fenómenos es la forma en que los efectos del cambio climático se sienten cada vez más en el agua.

Detrás de estas nociones aterradoras asociadas a la escasez de agua, como por ejemplo los posibles conflictos que se puedan producir en el futuro, se suele olvidar el sufrimiento diario de los más pobres y marginados para acceder a unos servicios seguros. Lo que es preocupante es la creciente amenaza de la escasez de agua sobre el acceso universal al agua, el saneamiento y la higiene (WASH) para 2030. Además, estas repercusiones están intrínsecamente relacionadas con la salud pública. Por ejemplo, si se produce una disminución de la disponibilidad de los suministros de agua (como pozos secos o acuíferos costeros salinos), las personas se verán obligadas a beber agua contaminada (por ejemplo, agua de superficie no tratada), lo que provocará un aumento de las enfermedades transmitidas por el agua. La contaminación de los pozos y la inundación de las letrinas también aumentan el riesgo de una mayor incidencia de enfermedades infecciosas. Además, la reducción de la disponibilidad de agua hace que las prácticas de higiene sean más difíciles de cumplir y que las campañas de cambio de comportamiento, como las que se organizan para prevenir las infecciones por coronavirus, sean menos eficaces en las zonas donde el acceso al agua está limitado por el cambio climático. 

No podemos negociar con los derechos humanos de 2.200 millones de personas que carecen de agua potable. Tampoco con los de 4.200 millones de personas sin acceso a un saneamiento adecuado o los de 3.000 millones de personas que no tienen agua ni jabón para lavarse las manos.  Mucho dependerá de las políticas adecuadas que se establezcan para lograr una mejor gestión de los recursos hídricos, lo que incluye dar prioridad a los derechos humanos al agua y al saneamiento. También es más necesario que nunca crear asociaciones estratégicas entre múltiples partes interesadas para responder bien a la escasez de agua. Sin embargo, en el plano del consumidor, la realización de unos cuantos cambios, como evitar los alimentos que requieren mucha agua, regar menos el césped, arreglar las tuberías que gotean y tomar duchas más cortas, puede reducir considerablemente la huella hídrica de cada persona. Por supuesto, no todo está en las manos de uno. Animar a las empresas a que divulguen su huella de agua y la sostenibilidad de sus operaciones le dará más información y fomentará el uso responsable del agua. Comunicar a su gobierno que le preocupa el tema del agua, tanto en lo que se refiere a la cantidad como a la calidad, y que desea que se utilice y gestione de forma eficaz y sostenible, es un paso importante para ser un buen ciudadano en materia de agua a nivel mundial.

Este artículo fue publicado originalmente en el periódico Expresso de Portugal.