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Empoderar a las personas marginadas y vulnerables, y fortalecer su dignidad, nos ayudará a salir de la crisis de la COVID-19

Louisa Gosling, Naomi Carrard, Hannah Neumeyer and Virginia Roaf 
27 May 2020

Este blog se publicó originalmente en el sitio web de WaterAid en inglés: WASH Matters site 

 

Empoderar a las personas marginadas y vulnerables, y fortalecer su dignidad, nos ayudará a salir de la crisis de la COVID-19 con unas sociedades más sanas y nuevas oportunidades para el desarrollo y la paz. 

Louisa Gosling, Naomi Carrard, Hannah Neumeyer y Virginia Roaf esbozan cómo la aplicación de los principios de los derechos humanos puede salvar vidas ahora y en el futuro.

 

“El virus no discrimina, pero sus repercusiones –y nuestras respuestas– sí lo hacen.”
- Secretario General de la ONU António Guterres.
 

Estamos haciendo todo lo posible para limitar al máximo el impacto de la pandemia de coronavirus. La respuesta en todo el mundo ha sido reducir la transmisión a través del distanciamiento, el lavado de manos y el fortalecimiento de los sistemas de salud pública. Sabemos que el suministro de agua, saneamiento e higiene (WASH) son fundamentales para la respuesta ante la COVID-19. Entonces, ¿cómo pueden contribuir los derechos humanos?

Una prisma basado en los derechos humanos ofrece oportunidades inesperadas mientras respondemos a la crisis actual y establecemos planes con miras al futuro. La aplicación de los principios de derechos humanos –igualdad y no discriminación, participación, transparencia, responsabilidad y sostenibilidad– sirve para profundizar las respuestas de WASH a la COVID-19, y ayuda tanto a proteger ahora a todos como a construir sociedades más equitativas y sostenibles.

Lo que hagamos ahora configurará el mundo que surja después de la pandemia y nuestra resistencia ante futuras amenazas, ya sea el cambio climático u otras crisis de salud.

Igualdad y no discriminación

No todo el mundo se ve obligado a confrontar por igual los riesgos que presenta la COVID-19. Las pruebas de estas diferencias provienen de todo el mundo. Las personas mayores, las personas con problemas de salud, las personas que viven en viviendas inadecuadas (especialmente las que se encuentran en asentamientos con alta densidad de población sin acceso a servicios básicos), las personas sin hogar, los trabajadores migrantes y los que tienen que salir a trabajar todos los días para sobrevivir o que cumplen una función necesaria, aunque infravalorada, como el trabajo de atención o la limpieza de las calles, corren un mayor riesgo de contraer el virus porque son tienen menos posibilidades de protegerse con una buena higiene y el distanciamiento físico necesario. También resultan más gravemente afectados por el distanciamiento o las disposiciones de confinamiento, cuando los medios de subsistencia desaparecen o quedan reducidos.

Las personas que no pueden pagar sus facturas de agua y saneamiento corren el riesgo de perder los servicios esenciales. Expertos independientes en derechos humanos de las Naciones Unidas han pedido a los gobiernos que prohíban las desconexiones y que amplíen el acceso continuo al agua para las personas que aún no la tienen. Los gobiernos están obligados a garantizar el acceso a los servicios y deben intervenir para asegurar que los proveedores puedan seguir prestándolos y no tengan que confrontar dificultades financieras por hacerlo. Esto no es una logró menor, dada la amplitud y diversidad de los proveedores de servicios de agua y saneamiento públicos, privados y comunitarios, pero reforzar el reconocimiento de estos servicios básicos como servicios públicos es fundamental para la realización de los derechos humanos.

Los trabajadores de la salud realizan un trabajo vital y, sin embargo, están especialmente expuestos a la COVID-19. A menudo sufren de discriminación y trabajan sin protección o no disfrutan de unas condiciones dignas. Los limpiadores, los cuidadores y las numerosas mujeres y niños que van a buscar agua para ellos mismos y para sus hogares también corren el riesgo de exponerse al virus.

Al igual que en muchas esferas del desarrollo, a las mujeres se les suele pasar por alto o marginar de las decisiones a pesar del papel esencial que desempeñan, por lo que no se tienen en cuenta sus necesidades y los riesgos específicos a los que se enfrentan. Sin embargo, muchas organizaciones están investigando y documentando las amplias implicaciones de género de la pandemia y las medidas de respuesta. La justicia de género debe ser fundamental en la respuesta al agua, el saneamiento y la higiene, y cada vez es más necesario colaborar con las organizaciones de mujeres y sus dirigentes para tratar de encontrar soluciones a fin de poner en vigor esta justicia.

Los derechos humanos al agua y al saneamiento (y otros derechos) exigen que nuestra respuesta a la COVID-19 aborde estas desigualdades. Promueven y protegen las voces de las personas discriminadas, marginadas y vulnerables, y garantizan que se les incluye en las respuestas al virus de forma proactiva.

La colaboración entre los actores del sector WASH y las organizaciones que representan los derechos de los grupos marginados –incluidos los que se centran en la discapacidad, la edad, los habitantes de los barrios marginales, los presos, los niños o las mujeres– aporta nuevas informaciones y medidas que garantizan unos servicios de agua y saneamiento inclusivos. De esa colaboración ya están surgiendo soluciones innovadoras, que han conseguido que los mensajes sobre higiene y las instalaciones de lavado de manos sean accesibles para las personas con discapacidad y pertinentes para las diversas poblaciones que viven en entornos difíciles.

 

WaterAid Papua Nueva Guinea 

WaterAid de Papua Nueva Guinea ha suministrado megáfonos, tintas y papeles para imprimir materiales de concienciación, apoyando a las autoridades sanitarias locales en la preparación ante la COVID-19.

Participación

Las epidemias del sida y el ébola revelaron la importancia que tiene la participación de las comunidades afectadas. El fomento de la confianza entre el gobierno y la sociedad civil es fundamental para que las respuestas sean idóneas, eficaces y sostenibles, a fin de garantizar la circulación fluida de información precisa y útil, y evitar daños indirectos o no intencionados.

En el caso de muchas personas, las medidas de distanciamiento físico están creando más barreras y reduciendo su participación y la capacidad de expresar sus opiniones, en particular en los casos en que los procesos participativos se basan ahora en Internet. Se ha demostrado que existe una brecha digital de género, exacerbada por la pobreza. Por ejemplo, los datos de la OCDE indican que, a nivel mundial, las mujeres tienen un 26% menos de probabilidades que los hombres de disponer de un teléfono inteligente (un 70% menos de probabilidades en el Asia meridional y un 34% en África).

Los mecanismos de coordinación nacional (como los grupos de agua, saneamiento e higiene) deben incluir a la sociedad civil y a las organizaciones que representan a los diferentes sectores de la población. Esto puede ayudar a los gobiernos a identificar a las personas vulnerables y a establecer medidas que apoyen eficazmente a quienes de otro modo se quedarían atrás.

Mirando hacia el futuro, lograr que los modelos de participación y asociación sean más inclusivos podría sentar las bases para un desarrollo gestionado a un nivel más local después de que termine la pandemia.

Transparencia y acceso a la información

La transparencia y el acceso a la información están intrínsecamente vinculados a la participación. Si la información no es exacta o los destinatarios previstos no la comprenden bien, no tiene ningún valor. Además, si bien un mensaje claro y coherente es importante para reforzar el cambio de comportamiento, debe adaptarse a contextos diferentes. ¿Cómo pueden las personas que viven en asentamientos informales o en zonas rurales remotas responder a los mensajes de “lávate las manos” si no disponen de un suministro de agua seguro en el espacio donde viven?

Para llegar a las personas más marginadas debemos ser creativos y comunicarnos en los idiomas locales a través de una serie de canales que sean apropiados para los lugares y las personas en cuestión. Por ejemplo, muchos países utilizan la radio, como Tanzanía, Rwanda y Nepal, donde incluso se emiten canciones pegadizas por megafonía a comunidades sin cobertura de FM. El lenguaje de signos y el braille pueden utilizarse para llegar a las personas con discapacidades auditivas o visuales.

En Nigeria, las redes locales de la sociedad civil y los medios de difusión se comunican en las comunidades a través de los miembros de las redes para compartir información e impulsar campañas para mejorar el agua, el saneamiento y la higiene en los centros de salud. Se pueden encontrar más ideas en recursos como la Guía para la participación comunitaria a distancia de la BBC Media Action.

Y en Sudáfrica los residentes de los asentamientos informales están monitoreando el acceso al agua y al saneamiento durante la crisis de la COVID-19, compartiendo los datos con las autoridades de la ciudad y los medios de comunicación. Esta iniciativa ya ha dado lugar a una mejor prestación de servicios y a nuevos canales de colaboración con las autoridades municipales.

 

WaterAid Bangladesh 

Un hombre difunde mensajes de sensibilización a través de un altavoz en una comunidad de Bangladesh.

Rendición de cuentas

La rendición de cuentas entre los gobiernos, la sociedad civil y los organismos de desarrollo, tal como la practican los aliados de SWA, es tan fundamental en una crisis como en cualquier otra ocasión. Estamos viendo que se recaudan y distribuyen fondos sin precedentes en respuesta a la COVID-19, pero no siempre está claro cómo se utilizarán y contabilizarán esos fondos.

La rendición de cuentas es esencial para reducir al mínimo la corrupción y para lograr que los servicios sean equitativos, sostenibles y de alta calidad. Esto es importante tanto para las adquisiciones de emergencia y la distribución de beneficios en la respuesta inmediata a la COVID-19, como para la sostenibilidad a largo plazo de los servicios de agua, saneamiento e higiene.

Lamentablemente, los mecanismos de rendición de cuentas y las relaciones en el ámbito del agua, el saneamiento y la higiene suelen ser deficientes. Las redes de la sociedad civil deben poder defender la transparencia y la rendición de cuentas en la respuesta en materia de WASH a esta crisis, de supervisar la cantidad de fondos disponibles para la pandemia que se invierten en cuestiones relacionadas con los derechos humanos y en el desarrollo sostenible de los servicios de WASH. Es posible que haya más oportunidades para la utilización de estos servicios, ya que la pandemia ha aumentado el perfil de WASH, lo que puede crear un espacio para que los agentes de WASH contribuyan a iniciativas más amplias de rendición de cuentas. Un ejemplo que vincula el agua, el saneamiento y la higiene con la coalición para la consolidación de la paz y la construcción del Estado en Sierra Leona demuestra este potencial.

Los gobiernos también son responsables de explicar la forma en que imponen medidas de contención que limitan la capacidad de las personas para salir, trabajar, ir a buscar agua y usar los baños. En muchos países estamos constatando un uso excesivo de la fuerza para asegurar el cumplimiento del confinamiento, criminalizando a las personas que deben salir de su casa para satisfacer sus necesidades básicas. Esto viola los derechos humanos y puede ser perjudicial para reducir la propagación del virus si crea miedo y destruye la confianza entre el gobierno y las comunidades, como se aprendió durante la respuesta al VIH. En los momentos de respuesta a una catástrofe, los valores de un gobierno abierto pueden ser objeto de una intensa presión, pero también pueden contribuir de manera significativa a obtener mejores resultados cuando existe una firme cooperación y confianza entre las autoridades y la población.

Sostenibilidad

La escasa sostenibilidad y los bajos niveles de servicio son ya un enorme obstáculo para la realización de los derechos de las personas al agua y el saneamiento, a menudo debido a la debilidad de los sistemas. Estos pueden salir reforzados o debilitados por la forma en que respondemos a esta pandemia.

La sostenibilidad es un principio de derechos humanos; no debemos perder los progresos alcanzados. La esperanza para el mundo después de la COVID-19 –si utilizamos los derechos humanos para guiarnos– es estar en una posición más fuerte que antes. Esto representa en primer lugar un mayor acceso al agua y al saneamiento para las personas vulnerables y marginadas; en segundo lugar, nos permite comprender más profundamente cómo eliminar las desigualdades; y en tercer lugar, lleva a que estemos más preparados para los futuros riesgos de salud y los inevitables efectos del cambio climático.

Cómo saldremos de la COVID-19

La pandemia de la COVID-19 tendrá repercusiones profundas y duraderas en la forma en que todos vivimos, trabajamos y nos relacionamos con los demás. Apenas podemos imaginar la inmensidad del cambio económico y social que surgirá.

Los derechos humanos ponen a la gente en el centro del escenario. El empoderamiento y el aumento de la dignidad de las personas actualmente marginadas y vulnerables nos ayudará a salir de esta crisis con unas sociedades más sanas y nuevas oportunidades para el desarrollo y la paz. Los principios de derechos humanos deben guiar nuestras respuestas y nos llevarán a obtener mejores resultados, más inclusivos y más sostenibles, protegiendo y salvando vidas ahora y en el futuro.


 

Sobre las autoras:

Louisa Gosling es la Administradora Principal de WASH de WaterAid para Responsabilidad y Derechos; Naomi Carrard es Directora de Investigación en el Instituto para Futuros Sostenibles, Universidad de Tecnología de Sydney; Hannah Neumeyer es Jefa de Derechos Humanos en WASH United; y Virginia Roaf es Asesora Principal en Saneamiento y Agua para Todos.
Este blog es el resultado de la colaboración entre WaterAid; Sanitation and Water for All; Institute for Sustainable Futures, University of Technology Sydney; WASH United; End Water Poverty; Kewasnet; Rural Water Supply Network; Water Youth Network; Hope Spring Water; Simavi; y Water Integrity Network.